Monday, November 13, 2017

La política contra el fatalismo




Las olas del destino
a esta playa te trajeron.
La madera está partida
ahora es tiempo de tallar
navegante, tu canoa.
A navegar el abismo!
A navegar el silencio!
A navegar tempestades!



Como en toda etapa política, gana quien caracteriza mejor el contexto y actúa en consecuencia. Se trata de calibrar bien la brújula (o el astrolabio), de poder leer en distintos planos: en la sociedad, en la economía, en la política, en la cultura. Entender el juego en el que estamos y lo que viene por delante. Una definición de conducción política en términos juanperonianos clásicos: ver base para apreciar, apreciar base para resolver, resolver base para actuar. Con el corazón mantenemos las convicciones, con las neuronas tratemos de ver dónde estamos parades.

Las olas del destino nos trajeron hasta acá. Al escenario de los tercios asimétricos. Un tercio macrista que nos odia, un tercio kuka y peruca que nos ama, y entre sí mucho no se quieren. Pero el odio anti-Cristina (etapa superior del gorilismo según Asís) se expande con más potencia más allá de su tercio que el nuestro. El voto anti-Cristina es más pragmático y menos afirmativo que el voto anti-Macri (véase la migración de 1País a Cambiemos de PASO a Generales en PBA). La avenida del medio existe, pero es una calle de una mano que dobla siempre a la derecha. AntiK es más fuerte que AntiM, y en un balotaje perdemos por paliza. Por ahora.

En este 2017 que va terminándose, perdimos las elecciones y el gobierno las ganó. Eso da cuenta de una cierta correlación de fuerzas y a la vez modifica la correlación de fuerzas existente. Ahora bien, pido encarecidamente que no seamos fatalistas. Resignarse a que el kirchnerismo está condenado a ser una eterna minoría en un ciclo macrista interminable (Vidal 2023, Larreta 2031, y así); o esperar la hecatombe al estilo "cuando les llegue al bolsillo" o "cuando vuele todo por los aires" ahí sí vamos a volver, son formas del abandono de la política. Néstor y Cristina nos devolvieron la política, no la entreguemos por favor. Es todo lo que tenemos.

Arranca un nuevo capítulo de la larga historia política argentina, el camino al 2019. La última línea de ese capítulo dirá si en Balcarce 50 sigue la oligarquía o vuelve el pueblo. Si le acertamos al diagnóstico, si actuamos con precisión, podemos crecer, consolidarnos, dar peleas, ganar. GANAR. Se puede ganar. 


No hay unidad sin incentivos

Arranquemos por el tema del peronismo. ¿Hay algo que endulce más el oído peronista que la palabra "unidad"? ¿No cantamos con fuerza "todos unidos triunfaremos"? Sí, las matemáticas pos-electorales nos dicen que si sumamos los números (por ejemplo) de Cristina, Massa y Randazzo en la última elección en PBA, nos da la misma cantidad de votos que el 54% de 2011. Si tan sólo fuera tan simple. Incluso una improbable unidad dirigencial no significa necesariamente una unidad de los electorados, algo que suele repetir Abel Fernández.

Dicho simple y sencillo: no puede haber unidad entre proyectos políticos incompatibles. No es cierto que todos los sectores del peronismo tengan incentivos para la unidad. Esto no es un juicio de valor, cada cual atiende su juego, pero es un hecho insoslayable para el análisis. Algo de eso trata de decir Julio Burdman. Un gobernador peronista por ejemplo, primer mandato, le toca compartir sus cuatro años de gestión en tándem con Macri. No lo eligió así, pero le tocó. En 2019 puede renovar, quiere renovar, y se encuentra ante un dilema: ¿juego a ser opositor, parte de una fórmula anti-Cambiemos competitiva, salgo fuerte a confrontar con este modelo? Claro, si las elecciones nacionales y provinciales fueran el mismo día, las boletas presidenciales "arrastran". Pero si yo desacoplo, hago las provinciales ponele en mayo del ‘19, podría jugar a "ganan los oficialismos". Quizás me convenga eh. Cierro con Frigerio, me tiran unos mangos, no me hacen mucho quilombo con la reforma tributaria, me dejan endeudarme… después en el 2023 vemos.

Repetimos: no hay unidad posible entre proyectos políticos incompatibles. Unidad Ciudadana nace de un diagnóstico: así no se puede seguir. Demasiado es el daño, demasiado es el dolor. Debemos cambiar de rumbo y volver a tener futuro. Lo antes posible. No hay lugar para especulaciones, para banquemos y vemos en el 23, para replegarse y dejar que el ciclo macrista siga su curso, que la sociedad se agote de los globos, para hacerse los boludos. Hay que decir que no, sin matices. Este diagnóstico no es compartido por todos los sectores del Partido Justicialista, por decir algo.


La posición kirchnerista

Con @alesiahurtado solemos bromear que en los años impares (sí, los electorales) se lee a Perón y en los años pares se lee a Cooke. Ahora que arranca el '18 vayamos entrándole al Bebe:

El origen del descontento [de las bases peronistas] no es por lo tanto la violencia del régimen, son las sospechas sobre la aptitud del Movimiento para doblegarlo. Los presos, los torturados, los muertos, las innumerables jornadas de combate, testimonian nuestro coraje ante la adversidad: también despiertan interrogantes sobre si no estaremos malogrando tanto sacrificio.
Hay muchos de nuestros compañeros que relegan esas inquietantes intuiciones, resistiéndose a admitir el deterioro de las viejas certidumbres. Otros se tranquilizan oponiendo la convicción de que, pese a todos los obstáculos, a la larga el pueblo vencerá. Pero este fatalismo optimista no es más que otra forma de autoengaño: nuestros compromisos son con esta época, sin que podamos excusarnos transfiriéndolos a generaciones que actuarán en un impreciso futuro.
La historia no es nítida ni lineal ni simple, la Argentina de hoy es un ejemplo de sus complicaciones y ambigüedades. La presencia del peronismo impide que las clases dominantes gocen tranquilamente de sus privilegios usurpados: es por sí misma, la prueba de la decrepitud del régimen, de su ineficacia para resolver los problemas del país (nota: aunque habría que considerar sus formas de prolongación y reciclamiento para mantenerse).
La inquietud prevaleciente responde a la impresión de que nuestros objetivos finales se hallan en una brumosa lejanía, que nuestros esfuerzos cotidianos no parecen acortar.
Dicho de otra manera: entre los anhelos de tomar el poder y los episodios de nuestra lucha, no se ve la relación de una estrategia que avance hacia los objetivos últimos. Se organiza lo táctico, pero sin integrarlo en una política que, por arduo que sea el camino que señale, presente la revolución como factible, como meta hacia la cual marchamos. No más que eso necesitan las masas, pero no con menos se conformarán.
Apuntes para la militancia (1964) 


Es que nuestro movimiento popular – y el Peronismo en primer término – se debate en medio de contradicciones ideológicas que no reflejan las reales contradicciones de la sociedad argentina. La esencia del drama de nuestro Movimiento es que, mientras su único destino y su única chance de sobrevivencia está en reconocerse como una fuerza de extrema izquierda, sufre las influencias de la propaganda reaccionaria que desata desde afuera y desde adentro de su propio seno.
 Carta a Hernández Arregui (1961) 

Las palabras de Cooke irradian sobre el presente. El malestar de sentir que quizás nuestros esfuerzos no logran dar vuelta la taba, de percibir que por mucho que luchemos el macrismo se impone sobre nosotres. Frente a eso, dice Cooke, el error es asumir posiciones fatalistas, que a su vez son funcionales a los sectores burocráticos que no desean, no se animan, no les conviene enfrentar plenamente al régimen.

Lo que en su momento Cooke llamó "extrema izquierda", probemos reemplazarlo por la palabra populismo. Si el peronismo desea ser una fuerza transformadora y con chances de gobernar para el pueblo nuevamente, debe persistir en sostener posiciones populistas. Rechazo de plano al supuesto consenso neoliberal; movilización de la sociedad en defensa contra esas políticas; construcción de mayoría popular. Para poder enfrentar el desánimo, requerimos certezas. Por suerte, Cristina nos las da. Unidad Ciudadana nos da certezas. Una semilla de esperanza política dijo ella el 22 de octubre a la noche. Aferrémonos a ellas, a Cristina, a nuestra fuerza militante y a la certeza de saber que tenemos la política.

Miguel Ángel Pichetto, por el contrario, dice que el peronismo debe retornar a un lugar de centro nacional (?), alejado de posiciones radicalizadas. Un peronismo moderado, moderno, que aprenda en espejo de la experiencia de Cambiemos. Es lo que pide Macri cuando lleva a Massa a Davos o Marcos Peña cuando da entrevistas. No recuperamos la política para ser centros moderados. El peronismo será populista y transformador o no será nada. Si te mimetizás, te comen los de amarillo. Las posiciones radicalizadas son simplemente la defensa del pueblo y de la Patria contra el neoliberalismo arrasador. A diferencia de otras épocas, no hay terceras posiciones. Populismo o neoliberalismo.

¿Podemos construir una unidad partidaria por ejemplo con sectores no populistas? ¿Con sectores que claudican ante el consenso ajustador? No, no se puede. No se debe. Debemos persistir en las posiciones kirchneristas en un contexto neoliberal. Decir que no, que otro país no sólo es posible sino necesario. Y construir desde ahí.


Unidades tácticas

Cristina va a asumir una banca en el Senado de la Nación. La nueva correlación de fuerzas que dieron las elecciones se plasmará en las distintas legislaturas a partir del 10 de diciembre. Y sin embargo, en este impasse donde siempre los oficialismos aprovechan el defasaje para mover fichas (recordar 2009), el macrismo ha decidido empernarnos con el combo de megarreformas ajustadoras asesinas de derechos y una brutal campaña de encanamiento y persecución a compañeres que fueron piezas claves de nuestro gobierno popular. De paso, también encanan un pibe por un tuit, candidates del FIT, y alguna otra magia digna del onganiato por deporte.

Más que la unidad del peronismo, lo que la etapa requiere son unidades tácticas en frentes concretos. Dos ahora en lo urgente:

1) Unidad contra la persecución requiere voces, pluralidad y fuerza política. Decir que el estado de derecho cruje es correcto, pero parecería no mover el amperímetro así en abstracto. Cuando un no kirchnerista denuncia el avasallamiento de las libertades civiles (de Myriam Bregman a Pichetto, sí el mismo Pichetto de arriba), sirve y suma. Necesitamos masa crítica en la sociedad civil y mucha pluralidad. No importa si nos cae bien o nos cae mal, si vota como vota o arregla con quien arregla. Defender la democracia entre todes. 

2) Unidad contra las reformas brutales del gobierno requiere lo mismo: voces, pluralidad, fuerza política... y bancas. El movimiento obrero es clave en esto: CLAVE. Persistir en posiciones kirchneristas no es insultar a la CGT, ni buscar traiciones anticipadas. Es aunar esfuerzos en función de un frente y un objetivo concreto: "Las reformas no pasarán". No pueden pasar, no deben pasar.

Las unidades tácticas son tácticas. En la 1) te juntás con Pichetto. En la 2) no. No se trata de cerrar acuerdos macro con dirigentes que se digan peronistas pero que no tengan contenido alguno. No hay unidad sin conducción, no hay unidad sin proyecto político común, no hay unidad sin vocación transformadora. Si Felipe Solá quiere volver, está invitado, ojalá que lo haga. Pero volverá a un peronismo que sea contundente y transparente hacia la sociedad sobre su rechazo a las políticas neoliberales, o no tendrá ningún sentido. Una unidad que desdibuje las posiciones populistas generará confusión, quiebres internos, desánimo.



Ser oposición

El momento político requiere ser opositores. Ese es el lugar que la sociedad le ha asignado a Unidad Ciudadana en las urnas. Somos una fuerte minoría opositora, que representa votantes que pretenden que digamos que no al ajuste y el cercenamiento de las libertades, que esperan que levantemos la voz, que les demos voz, que hagamos fuerza, que articulemos y demos las batallas que hay que dar. Tenemos que ser los mejores opositores, tenemos que dar orgullo a nuestra base de sustentación, transmitir certezas.

El Coqui dice que estamos en una etapa de "acumulación opositora". Ensanchar la base electoral y organizativa de aquellas personas que digan que no al neoliberalismo macrista. Cada derecho que serruchan, cada ajuste que hacen, cada "traspié" que se comen; cada uno de esos nos da un margencito para explicar, para politizar y desnaturalizar el consenso ajustador. No se trata de hacer política de identidad, sino de tomar cada ajuste como si fuera el primero. En cada una de las mierdas que hace el gobierno está el corazón de su perversidad. Hay que ir explicándolas de a una, no suponer que toda la gente ve la concatenación que arranca con Martinez de Hoz o con Bernardino Rivadavia.

Ser oposición es leer aquello que el macrismo es incapaz de representar y de resignificar para sí. Leer la agenda antimacrista de la sociedad, buscar donde su modelo hace agua. Ser la calle, la voz y el voto de todo eso. 

Hace largos meses, cuando Alberto Rodriguez Saá anunció su alianza política con Cristina Kirchner (inesperada y feliz), lo entrevistaron para Página/12. El Alberto decía que el polo opositor que debían construir desde el peronismo con Cristina debía tener un programa. El periodista pregunta:
–Usted habla de programa, pero, por qué no me dice cuáles son los puntos imprescindible que deben estar allí.
–Mire, es refácil, refácil. Sólo basta con sacar el archivo de fotos de las marchas de marzo, la de los docentes, la de la CGT y la de las mujeres y en los carteles que allí se ven están los puntos principales del programa que debemos tener. Copiar y pegar, no es difícil. Trabajo digno, ni una menos, paritarias, etc., etc.
Es refácil. Refácil. Hacer política. Leer el contexto. Ver base para apreciar, apreciar base para resolver, resolver base para actuar. Como nos enseñaron Juan Perón y Néstor Kirchner. No ser macristas. Ser kirchneristas. Ser antineoliberales. Persistir en las posiciones, acumular, no claudicar. Navegar tempestades. Cristina marca el camino. Vamos.





Thursday, October 26, 2017

Hoja de ruta




Mirá boludo me tiré por vos.
Me tiré por vos!, no por la fama.
Me tiré por vos!, no por la cana.
Me tiré por vos!
- Charly




Aquí no se acaba nada, hoy aquí empieza todo. Eso dijo Cristina Fernández de Kirchner el domingo 22 de octubre a la noche, aceptando la derrota electoral en la Provincia de Buenos Aires. Empieza todo. No terminábamos de asimilar lo que estaba sucediendo y Cristina ya nos decía: mirá papito que esto recién empieza eh.

Balance: Las elecciones 2017 han dejado un saldo mixto. No derrotamos al ajuste, no quebraron a Cristina. El macrismo se fortalece, el kirchnerismo vive, el opoficialismo se licúa. No hay saldo definitivo, hay que seguir peleando. Sin embargo, a diferencia del 2016, no hay desamparo, no hay "¿dónde están los dirigentes?", no hay abrazame hasta que vuelva Cristina. No podemos seguir en piloto automático.

La etapa que inicia tiene una hoja de ruta, no hay margen para hacerse el sota. Conocemos a nuestro adversario, tenemos liderazgo, juntamos muchos votos. Elles también, y cómo. En 2018 (que ya empezó) confrontaremos tres embates: el ajuste, la persecución y la claudicación. El objetivo: construir una mayoría política. Van algunas puntas:



No enojarse

Preguntas: ¿Puede ser esta sociedad la misma que le dió el 54% a Cristina? ¿Cómo llegamos del "país con buena gente" al "Maldonado está en Chile con el RIM"? ¿Cuál es la sociedad posta post? ¿La que revienta las plazas del 24 de marzo? ¿O la que observa pasiva la desaparición forzada de Santiago Maldonado? ¿La que marcha con las centrales obreras o la que vota a quienes anticipan ajuste, flexibilización laboral y aumento de la edad jubilatoria?


Son tiempos para hacerse preguntas pero anticipo una respuesta: la sociedad no es. Nunca simplemente es. No somos ni Estela de Carlotto ni Videla. No somos ni Cristina ni Macri. Somos ambas y ninguna. La sociedad se articula, se desarticula y se rearticula ante coyunturas y momentos históricos. Cada dos años va a votar y te da una foto.


Si el cambio kirchnerista no fue irreversible; tampoco lo es el “cambio” macrista. A pesar del entusiasmo de Marcos Peña por los animalitos en los billetes, la Argentina puede volver a tener un gobierno de mayorías, puede volver a reconstruir la Patria, puede volver a tener futuro. El país oligárquico y el país popular son siempre posibles.


No nos enojemos con la gente, no nos distanciemos de nuestro pueblo. Yo sé que es difícil, porque nos duele. Tomémonos unos días para sacarnos la bronca, para insultar, llorar, bardear, burlarnos de quien querramos burlarnos, pero después listo. Basta de quejarse con que les pobres votan a sus verdugos, basta de insultar a les votantes de Carrió. La patria es el otro, una y otra vez.


Deseemos el voto del otro. Deseemos su deseo. Aspiramos a que los sectores populares y los sectores medios nos deseen, nos anhelen, pidan por nosotres. No se puede desear desde el enojo. No vamos a convencer gente a la que consideramos pelotuda. Cuando ninguneás al otro, se nota. ¿Queremos ganar? Bueno, en esta tierra lo mejor que tenemos es el pueblo.



¿Dónde va la gente cuando vota?


Quizás este no es momento de hablarle a toda la sociedad, sino hablar entre nosotres. Aprovechar estas semanas para pensar. Pensar la coyuntura, interpretar ese país donde Cambiemos crece y se consolida. ¿Por qué votan quienes votan? ¿Por qué no votan quienes no votan? ¿Qué votan quienes votan a Bullrich, a Carrió, a Morales? Pero también: ¿Qué votan quienes votan a Cristina, a Filmus, a Rossi, a Emilia Soria y a Insfrán?


Lo dice el Cuervo Larroque en una reciente entrevista: en la década pasada nos acostumbramos a creer que era normal que el campo popular ganara elecciones, y NO. NO ES NORMAL. Lo normal es que gobierne la derecha, que te ajusten y los votes. Lo anómalo, lo inédito, lo extraordinario es que una mujer como Cristina enfrente a todos los poderes concentrados (TODOS), a toda la clase política (TODA), a todos los medios de comunicación (TODOS), a todos los servicios de inteligencia (TODOS), a todo el aparato judicial (TODO), y junte más de tres millones de votos. TRES MILLONES Y MEDIO DE VOTOS EN LA PROVINCIA DE BUENOS AIRES.

Cristina logra una montaña de votos en el marco de una persecución política inédita. Amenazan que la van a encanar, que van a encanar a sus hijes, que van a encanar a sus ministros, a sus simpatizantes. La tele los diarios y las redes sociales dicen que Cristina es la peste bubónica, las diez plagas de Egipto, el ISIS recargado, la hipocresía la falsedad la traición a la patria. Y sin embargo LA GENTE LA VOTA.


Descifrar los motivos del voto a Unidad Ciudadana y al peronismo es igual de importante, e incluso más, que descifrar las razones de votar al gobierno. Porque no todes nuestres votantes son kukas militantes. Hay otras razones. Esa gente, que nos vota pero no vive posteando kukeadas en facebook, que nos vota pero no va a las marchas, que nos vota pero no piensa en política todo el día; esa gente es clave para la etapa que viene.



Un pueblo nuevo


El macrismo ganó las elecciones en 13 de 24 provincias en todo el país. Hemos construido una nueva fuerza política pero no alcanzó para frenar el ajuste. Logramos millones de votos, dimos testimonio sin bajar las banderas ni claudicar en nuestras convicciones, pero no fue suficiente. En palabras de Chávez, por ahora no logramos cumplir nuestros objetivos. Dijo Cristina en Arsenal el domingo:

Este crecimiento no nos alcanza para superar a nuestros adversarios...Es necesario ser generosos, ser inteligentes, pero sobretodo comprender que solo la unidad de los que pensamos que otra Argentina es posible, no solamente se debe sino que además es necesaria. Eso es lo que nos lleva a privilegiar esa unidad por sobre las diferencias parciales y sobre todo no personalizar ni subjetivar, sino esencialmente apuntar siempre a una oposición política y social que se base en un proyecto de país y no en personas. Unidad Ciudadana ha venido para quedarse. Unidad Ciudadana será la base, no la totalidad, la base de la construcción de la alternativa a este gobierno. Unidad Ciudadana sabe que el voto recibido es un voto fundacional, una semilla de esperanza política y la vamos a regar todos los días. Aquí no se acaba nada, hoy aquí empieza todo.

Debemos construir una unidad por sobre diferencias parciales. Unidad Ciudadana es una parte muy importante, pero no es el todo; y en la política el todo siempre tiene que ser más que la suma de las parte. Una unidad debe ser superadora de sus partes integrantes, debe ser algo nuevo. Nuevas palabras, nuevas representaciones, nuevos nombres. Ejemplos: UNEN fue más que la suma de las partes, Cambiemos fue más que la suma de las partes, 1País fue menos que la suma de las partes, Cristina en el 2011 fue (mucho mucho) más que la suma de las partes. Lo que construyamos tendrá que ser más que lo que fue Unidad Ciudadana en 2017.

El kirchnerismo como lo conocimos no va a volver. Lo que volvió fue Cristina. ¿La querías de vuelta? Ahí la tenés. Cristina Fernández de Kirchner es la principal líder opositora. La PRINCIPAL LÍDER OPOSITORA. Comanda desde el Congreso de la Nación un importante bloque político que incluye científicos, sindicalistas, intendentes, gente de la cultura, artistas, y miles de militantes de diversas tradiciones. La base está.

Ahora bien, aquello que debemos construir no es un pueblo que vuelva sino que llegue; que sea contemporáneo al macrismo y le pueda hacer frente. Ante la potente idea cultural de la meritocracia levantaremos las banderas de la igualdad y la libertad. La batalla cultural es por la defensa de valores y la transformación del sentido común.

La persecución política, el cercenamiento del Estado de derecho, el silencio a las voces disidentes son moneda corriente en estos días. No se trata de asombrarse ante una sociedad que observa con desinterés estos acontecimientos, sino de movilizar a la sociedad en defensa de sí misma. Nuevamente el trabajo es de hormiga, territorial y sectorial.

Necesitamos también, como dijo Cristina en Atlanta el año pasado, dirigentes que vayan al frente y se animen a representar a los sectores agredidos. Representar no una fuerza o un partido político, sino representar la defensa de la ciudadanía. Cosas concretas. ¿Qué estás dispuesto a representar vos? ¿A quiénes te animás a defender?


Cristina y vos


¿Debía Cristina ser candidata? A la luz de los acontecimientos, era imprescindible. No para ella, que bien podría haberse quedado en el molde, haber dormido en los laureles de irse del gobierno con una plaza repleta, funcionar como padre eterno desde el exilio santacruceño, ser electora y bendecir alguna lista. Nosotres necesitábamos a Cristina, y la necesitamos aún.


Cristina se tiró por vos, no por la fama, no por la cana, no por sus fueros; se tiró por vos. Se tiró y asumió riesgos para empujarnos al futuro; para sacarnos la nostalgia, para mostrarnos cómo se milita, cómo se defiende una idea. Se tiró como diciendo: ¿ven que se puede enfrentar a todo? No tengan miedo.

Cristina se tiró por vos y se va a seguir tirando. Atrás de Cristina, miles y miles de militantes que se pelaron el lomo en estos dos años y se seguirán pelando el lomo para construir la unidad ciudadana. Cristina no puede hacer más que lo que hace, dejemos de pedirle y de decirle y de sugerirle y de criticarle, y de… Escuchemos el llamado de Cristina y démosle para adelante.

La hoja de ruta hacia el 2018 y el 2019 es clara: representar, organizar, articular. Unidad Ciudadana no es el Frente para la Victoria con una lavada de cara. Debe ser distinto.

La militancia, daría la sensación, no puede hacer más de lo que hace. Sí puede hacer mejor, ser mejor. Tiene la obligación moral y política de ser mejor: menos mezquina, menos autárquica, menos automática, menos litúrgica, autobómbica y autorreferencial. Más inteligente, más estratégica, más generosa, más abierta y representativa de la sociedad.

A su vez, si queremos cumplir con nuestros objetivos políticos (frenar el ajuste, devolver futuro), no se trata de hacer más sino de SER MÁS. No alcanza con les que somos para la enorme tarea que tenemos por delante. Si estás leyendo esto, y todavía no militás, AHORA EMPIEZA TODO, es el momento de que muevas el culo. No tenemos margen para desperdiciar ningún esfuerzo, ninguna voluntad de transformación. Venite, sumate, participá, encontrá la manera. Buscá en qué partecita vas a sumar a la victoria popular que viene.

Tenemos una semilla de esperanza política, que es la Unidad Ciudadana. Un regalo hermoso que nos dio Cristina que ya nos había dado doce años de días felices kirchneristas. Cristina volvió por todes nosotres, porque nos vio verdes, para despabilarnos. Enfrente tenemos un ajuste brutal, el odio de clase, la persecución. Batallar en 2018 para ganar en 2019. Esa es la tarea.

Sunday, October 15, 2017

Tiempo de valientes



Que placer verte otra vez 
nos decimos sin hablar 
hoy todo vuelve a empezar 
y será lo que ya fue.
- Ciro

Quedan exactamente siete días para las elecciones. El clima es oscuro: persecución política, listas negras, aprietes, claudicaciones. El macrismo está mareado de poder y es abrumador. En sintonía, un monocorde relato mediático augura una ola amarilla en todo el país que destrozará cualquier oposición y volverá inevitable el “cambio” (eufemismo para ajuste y autoritarismo creciente). Un kirchnerista tira un huevazo, marche preso. Dos mujeres se besan, marchen presas. La procuradora, que renuncie. Maldonado, algo habrá hecho, puede estar en Chile. Te puede tocar a vos, quizás sos mafia, quizás sos kirchnerista. Mejor claudicá.

El macrismo ordena el rendimiento incondicional. Incondicional. O bajás la cabeza, o vamos por vos. El alineamiento y coordinación de poderes fácticos y corporativos alrededor del gobierno genera terror y desmovilización. Ahí van algunos popes de la CGT a ondear la bandera blanca al Coloquio de IDEA. Ahí van Massa, Lustó, Urtubey y Pichetto, pidiendo disculpas por su pasado kirchnerista. Dicen: hay que terminar con el pasado; hay que borrar al kirchnerismo, hay que jubilar a Cristina. Declaman y decretan la desaparición simbólica de Cristina, llaman a reconstruir una Argentina pre-cristinista; sin empoderamiento, sin derechos, sin desafíos a los dueños de la pelota, sin conflicto. Una manga de cobardes.

Frente a todo esto, una vez más y sin parar, está Cristina, caminando la Provincia. Aparece rodeada de miles de hombres, mujeres, niñes que la abrazan la besan la tocan la filman con sus celulares la escuchan le gritan la aman. Rodeada de pueblo, explota cada barrio que recorre. Y sin embargo parece sola. Cristina quiere ganar, sabe que puede perder, pero deja todo por ganar. La valentía de Cristina, mamadera, que se para de mano ante el manto negro-amarillo que pretende teñir la patria para seguir haciéndonos bosta.

Son tiempos de valientes. Valientes les intendentes que construyen la unidad ciudadana sin mezquindades. Valientes les militantes que reparten volantes y pintan paredes sabiendo que les puede parar la policía. Valientes les sindicalistas que luchan y van al paro. Valientes las feministas que abren camino. Valiente Milagro Sala. Valientes les científiques que toman el Ministerio, valientes les estudiantes que toman los colegios ante amenazas de prisión. Valiente vos, que no aflojás. No aflojés.

Sin embargo, hay que decirlo, falta mucha valentía. El macrismo asusta y encima junta votos. Lo más sencillo es dejarse vencer, replegarse a nuestras casas, seguir con nuestras vidas, sobrevivir. Acá una clave: aceptar que el macrismo mete miedo y el miedo desmoviliza es el primer paso para confrontarlo y vencerlo. No dejarse torcer el brazo, creer en la unidad ciudadana y construirla.


La valentía y la libertad

Jean-Paul Sartre contaba que, en los tiempos de la France-Vichy, cuando el nazismo colonizaba la sociedad francesa con complicidades locales, él jamás se animó a participar de la resistencia. Pero incluso sin participar, saber que la resistencia existía, lo hacía sentir más libre.

Algo de eso genera Cristina, ¿no?. La vemos ahí, recorriendo los barrios, abrazando cuerpos, riendo y sonriendo, batallando con periodistas, enfrentando la persecución judicial. Enorme como ella sola, su presencia nos hace sentir más libres. Luego termina el acto o la entrevista, apagamos la compu, y seguimos en la nuestra, aguantando la Argentina macrista donde falta Maldonado y Milagro sigue presa (y desde ayer secuestrada). Alguna serie piola en Netflix, desconectamos y chau.

Qué placer verte otra vez Cristina, dame un poco de energía, dame risas y fuerza para enfrentar tanto dolor y tanta desolación. Por favor no seamos como Sartre. Esa energía que nos transmite Cristina debe ser transformada en potencia militante, en fuerza para salir a la calle, no en abrigo para el sillón. No lo olvidemos: estamos construyendo poder popular para derrotar al macrismo, para articular una mayoría política que devuelva el futuro a nuestro país. Hay que mover el culo.

No alcanza con Cristina. No alcanza con escucharla ni con ir a verla ni con dejarse abrazar por su amor. Ese amor debe ser organizado. No es un bálsamo, es un empujón. Es nafta para el motor.

Cristina es líder y pedagoga. Nos enseña cosas: que no se trata de volver, que hay que reinventarse, que hay que construir, que hay que sonreír, que hay que ponerle el cuerpo. Que si nos quiebran la moral quiebran el proyecto político. Que no claudiquemos, que no bajemos las banderas, que no olvidemos que este maldito país puede ser feliz; que se puede enfrentar al poder real para darle alegrías al pueblo. No será facil mis amigues, pero tenemos a Cristina. No alcanza, pero mierda cómo suma.


La valentía y el tiempo

Quedan siete días para las elecciones. Si tenemos algo de nafta, usémosla. Si podemos repartir volantes, repartamos. Si se nos ocurre pegar cartelitos en el subte, peguémoslos. Si podemos convencer a une compañere de trabajo, intentémoslo. Si podemos fiscalizar, anotémonos en una unidad básica. Si podemos el lunes, vayamos a Racing, con toda la familia. En estos siete días que quedan podemos torcer un resultado que aparenta finito. Imaginen si ganamos, en este contexto. Imaginen si vencemos al macrismo y todo su poderío. Imaginen si Taiana es senador. Puede no serlo, y debemos estar preparades para cualquier resultado. Cualquier resultado requerirá valentía para afrontar lo que viene. Dice sobre la valentía otro francés, Alain Badiou:
La valentía, me atrevería a decir, es la principal virtud frente a la desorientación de nuestra época. La valentía [no es] una disposición inicial sino … algo que se construye, y que uno construye en la práctica. Así, pues, la valentía es la virtud que se manifiesta mediante la resistencia en lo imposible. No se trata únicamente de un encuentro momentáneo con lo imposible: eso sería heroísmo, no valentía. Siempre se ha representado el heroísmo no como una virtud, sino como una postura: como el momento en el que uno se vuelve para enfrentarse a lo imposible cara a cara. La virtud de la valentía se construye mediante la resistencia dentro de lo imposible; el tiempo es su materia prima. Lo que exige valentía es operar con arreglo a una duración diferente de la que viene impuesta por la ley del mundo. 
Nos animamos a ajustarle unas tuercas al compañero Badiou. Lo imposible es sólo imposible en apariencia. La inevitabilidad del ajuste, la canción que cantan todes menos Cristina, es mentira. Es propaganda enemiga (como suele escribir Rodrigo Lugones también citando a Badiou), y la disputa por el sentido común es, entre otras cosas, sobre las posibilidades de la época. Cristina dice: debemos suspender los aumentos tarifarios. Es imposible, canta el coro del régimen, y sin embargo no lo es. NO LO ES. 

Lo que nos sirve de la cita de Badiou es eso de que la valentía no es heroísmo. No es martirización. No es me hago el guapo y me mando una heroica. La valentía es templanza, es una construcción política que se sostiene en el tiempo. Es una persistencia, una obstinación, una locura colectiva. La valentía es la organización, que vence al tiempo. Organizar es la tarea hasta el 22 y, sobre todo, después del 22.

El amor a Cristina es una potencia que debe ser organizada mucho más allá de lo que ha sido hasta ahora. Esa potencia debe transformarse en fuerza para dar batallas y ganarlas. Ganar batallas que conquisten posiciones. Para organizar sindicatos, barrios, escuelas. La unidad ciudadana es más que una idea: es una construcción política ante el ajuste. Si el amor a Cristina sólo sirve para abrazarnos y sentir un calorcito, el invierno cambiemita será largo. Podemos mucho más que eso, no seamos cagones.


La valentía y el compromiso

Dijo Cristina en Hurlingham:
No nos interesa la nostalgia, nos interesa el compromiso con el presente. Nos interesa la voluntad de cada ciudadano y de cada ciudadana para transformar hoy la Argentina y ponerle un límite a eso. No se trata de lo que pasó ni del 2019. Se trata de hoy. 
Es cierto, el gran desafío del movimiento nacional y popular se encuentra en las tensiones entre pasado y futuro. El antes y el después, digamos. Pero Cristina pone énfasis en el presente, el ahora. Veamos.

Hay dos pasados en disputa: el pasado nostálgico kirchnerista (¿te acordás del ARSAT?) y el pasado de la pesada herencia, los setenta años de populismo (?), el PBI que nos robamos (?). En el medio, las experiencias concretas de familias, fábricas, escuelas, barrios; que irán macerando e inclinando la balanza, generando un saldo histórico.

Hay tres futuros: Hay un futuro macrista, ponele. Esa sarasa de la invasión de las inversiones, los mejores 20 años por venir. Ese futuro, demás está decir, es mentira. Hay también un futuro peornista. El de Pichetto y Urtubey que quieren tejer un peronismo gobernable, y ya rosquean en contra de Cristina para 2019. Un futuro improbable y destinado al fracaso, si no preguntale a Schiaretti cómo le va con el cordobesismo. El tercer futuro, a construir, es el nuestro, que está en pañales. Mientras tanto el presente está despojado. Sólo la unidad ciudadana se anima a representar los problemas concretos de la ciudadanía. Sólo la unidad ciudadana se anima a decir que no al ajuste.

Cristina nos pide que nos desprendamos de la nostalgia, que no caigamos en futurismos berretas y que asumamos un compromiso con el presente. Son tiempos de valientes, personas ordinarias en situaciones extraordinarias. Como Luque y Peretti, dos perejiles que se animaron a confrontar con el poder real, ese que está oculto y no va a elecciones. Como también Néstor y Cristina, dos hijes de laburantes, dos perejiles, que eligieron la militancia y se enfrentaron a los dueños de la Argentina por nosotres. Ahora nos toca a nosotres también, ser valientes y asumir un compromiso con el presente. Porque hoy todo vuelve a empezar, y será lo que ya fue... pero mejor.

Monday, October 9, 2017

Campaña ciudadana



"Hoy desde aquí convocamos a una campaña ciudadana, simple pero profunda"

CFK 



(*)


El 30 de agosto en el Atenas de La Plata, Cristina Fernández de Kirchner anuncia su victoria en las elecciones primarias de la Provincia de Buenos Aires. Después de un vergonzoso montaje mediático para ocultarlo y un escrutinio definitivo que dio una diferencia a favor por un pelito, Cristina vence a la suma del poder político, económico, mediático y judicial. Por un pelito, pero vence. En ese mismo acto, convoca a la sociedad a una campaña ciudadana, una campaña que movilice no sólo a la militancia, sino a vastos sujetos sociales afectados por las políticas del ajuste.

Muches escuchamos a Cristina y entendimos al instante a qué se refería. Evocó en nuestra memoria aquel épico balotaje de 2015, donde enormidades de ciudadanes sintieron el peligro de una posible victoria de Mauricio Macri y salieron a tratar de ganar un voto, a persuadir, a convencer, a arrimar el bochín para remontar un partido que parecía perdido antes de jugarlo. Macri contaba con el batacazo de Vidal en la Provincia contra Aníbal, Scioli despertaba dudas entre la tropa propia, y todas las encuestas daban entre 10 y 15 puntos abajo. Y sin embargo ahí hubo un golpe de conciencia popular.

Fue masivo, fue rizomático, fue casi anárquico. Voto a voto, cuadra a cuadra, cena familiar a cena familiar, puesto de trabajo a puesto de trabajo. Algunes fueron a unidades básicas, a locales cercanos, otres ni eso. Salían por su cuenta, en cada esquina en la que doblabas veías alguna intervención. Pintadas callejeras, afiches a mano, volantes caseros, festivales autoconvocados en todas las plazas; no había kirchnerista que no estuviera juntando votos, compartiendo estrategias, incitando a otrxs a hacerlo también. Las estructuras militantes desbordaban. 

Unidad Ciudadana no nació en junio de 2017 en la cancha de Arsenal. Unidad Ciudadana nació el 26 de octubre de 2015. La unidad ciudadana que Cristina comprendió en ese momento, donde el sujeto de transformación no eran necesariamente los partidos políticos, sino los nuevos sujetos sociales. Estudiantes, científiques, comerciantes, trabajadores, jubilades. Sectores que habían adquirido derechos durante los gobiernos populares y tomaban conciencia de los mismos. Cristina les puso un nombre entonces: "empoderados", un anglicismo que proviene del inglés "empowerment", y suele referir a sujetos oprimidos que adquieren conciencia de sí y capacidad transformadora de sus condiciones de sujeción. El 22 de noviembre de 2015, al votar en Río Gallegos, Cristina habló de les empoderades. El 9 de diciembre, despidiéndose como Presidenta ante una plaza colmada dijo: si se sienten sin representación, tomen el bastón de mariscal de su mochila y sean ustedes dirigentes de su propio destino.

Luego vino el macrismo, y con él su ajuste económico y la restricción de libertades civiles. La unidad ciudadana que propone Cristina pivotea entre el empoderamiento de los años de kirchnerismo y la toma de conciencia del efecto del ajuste social y cívico del macrismo. Empoderades y ajustades: dos sujetos que no son iguales pero que se complementan para hacerle frente a una derecha antidemocrática mareada de poder que junta muchos votos. Junta muchos votos, por lo que debemos esforzarnos por juntar más votos que elles.

Cristina, como es evidente, no para un instante. Un acto por día, recorridas y caravanas en cada barriada del conurbano, entrevistas en vivo y sin filtro en canales inhóspitos, con periodistas serios pero empleados del poder real. Es difícil a veces resistir la tentación a quedarse en casa, prender la compu y seguir en vivo sus discursos, leer sus telegrams, sentirse abrazado por toda la garra y toda la neurona que le pone. Pero no alcanza.

Lo suele decir Máximo Kirchner. Por ejemplo, en Florencio Varela, hace unos meses: “No alcanza sólo con Cristina, o con aquellxs que querramos dar la pelea. Alcanza si cada unx de ustedes se involucra y hace esta pelea suya día a día. Necesitamos la participación de la gente, necesitamos la participación de lxs compañerxs. Necesitamos a las mujeres marchando, necesitamos a lxs jóvenes marchando. Necesitamos que vayan casa por casa a explicar lo que sucede.” Por más enorme que parezca Cristina, y lo es, con ella sola no alcanza. Pero ese "no alcanza" no significa que necesita de les intendentes, la CGT, les gobernadores, las dirigencias políticas y la militancia partidaria. Obvio, necesitamos de todo eso para hacerle frente al monstruo macrista. Pero más que nada, Cristina necesita del empoderamiento popular, el empoderamiento ciudadano. Necesita que levantemos el culo del sillón, y pongamos un poquito para frenar el ajuste.

Cualquier militante de barrio lo sabe: vale más un volante hecho a mano que mil profesionales. La campaña ciudadana es artesanal y en primera persona del plural. Las victorias se construyen por abajo, como el gol que no fue de Palacio a los alemanes. Quedan dos semanas. A meterle.



Friday, September 29, 2017

Dos de cada tres




Si empiezo a desconfiar de mi suerte
estoy perdido,
pues tengo ideas
cada vez menos atrevidas.


(*)

Son tiempos difíciles para el pueblo argentino, son tiempos difíciles para la militancia popular. Los resultados electorales demostraron la potencia política del kirchnerismo y sobre todo de Cristina, que en la Provincia de Buenos Aires le ganó a la suma del poder total macrista tan solo “con un celular”. Pero no hubo “cristinazo”, como anunciaban esas malditas encuestas que siempre nos descalibran. El gobierno no se cayó a pedazos electoralmente. En algunos lugares creció, en otros se achicó. Cambiemos no descolla, tampoco implosiona. Y nosotres lo mismo. El resultado general entre las fuerzas populares y las fuerzas neoliberales quedó, digamos, empatado. Gobiernan elles y se sostienen; pero acá estamos nosotres, aguantando los trapos, y somos número sólido. El escenario está abierto.


Lo ha dicho CFK, dos de cada tres bonaerenses y dos de cada tres argentines han dicho que NO al ajuste, NO a este programa económico. Lo que no hemos logrado, y de esto se tratan las mayorías, es que esos dos de cada tres digan que SÍ a algo. Una mayoría debe ser afirmativa, y para eso nos falta.


¿Qué hacer entonces ante la sensación de que con lo que somos “no alcanza”? ¿Qué tipo de estrategia política debemos darnos de acá a octubre y más allá para construir poder popular? ¿Cómo se hace para ampliar? Algunas voces ya declaman: el peronismo debe continuar su proceso de renovación, tiene que volver Massa, hay que abrir el juego. Mismo Cristina en su carta pública a les votantes afirma: no estamos debatiendo el 2019, para eso ya habrá tiempo, y todes van a poder jugar.


Ustedes sabrán, somos peronistas y nos encanta la rosca del PJ. Es importante, necesaria e incluso apasionante. Ahora bien, no seamos mamertes y que este giro táctico no nos haga desaprender todo lo que aprendimos de 2016 hasta acá: las respuestas no están en la política sino en la sociedad. El poder se construye mucho más en los barrios, en las escuelas y en las fábricas que en los consejos deliberantes, los consejos directivos, los secretariados estratégicos y (sobre todo) los paneles televisivos. No volvamos a pensar en la unidad dirigencial del PJ como respuesta a nuestros problemas, esa es la idea menos atrevida del mundo. LaPolíticaOnline no tiene la respuesta a nuestras penurias.


Cristina ha lanzado una consigna potente: hay una mayoría social que busca una mayoría política. Sin embargo, no debería entenderse eso únicamente como un llamado a la “unidad” de las dirigencias anti-neoliberales (aunque también lo es), sino más bien como un llamado a la politización del rechazo al ajuste. Lo que dice la compañera es: el macrismo no saca 50 puntos, no es hegemónico, no construye una mayoría; por lo tanto hay excelentes condiciones sociales objetivas para construir y articular nuestra mayoría popular. Pero esa mayoría no existe aún, porque sólo existirá en tanto sea articulada políticamente, cuando sea afirmativa. No desconfiemos de nuestra suerte, ni perdamos la brújula.


¿Existen les ajustades?


En estos meses de construcción de la unidad ciudadana hemos hecho un enorme esfuerzo por entablar un debate con la sociedad sobre un eje central: el ajuste. Hemos escuchado y hablado con les ajustades. Eses que están peor que en 2015: el/la obrere que suspendieron, el/la trabajadore textil que rajaron, el/la kiosquere al límite de la quiebra, les jubilades de la mínima que no llegan a fin de mes, les que se quedaron sin pensión, las PyMes que no venden. En fin, los problemas de la gente. Y sin embargo…


Una lectura fría del mapa de las PASO muestra que a grandes rasgos las preferencias electorales no han cambiado. En otras palabras: por mucho que se haya sacudido la Argentina desde que gobierna Macri, los votos quedaron relativamente fijos. De 2015 a 2017, todo suma cero. Les kirchneristas son kirchneristas, les macristas, macristas y la ancha avenida del medio que vive en ese eterno parece-que-desaparece-pero-sigue-allí.


Entonces, aunque suene polémico, debemos asumir que les ajustades (aún) no existen. No porque no haya gente ajustada, sino porque no hay conciencia-de-ajustade o subjetividad-de-ajustade. No existe Juan Ajustado o Romina Ajustada, sino que existen Juan y Romina que están peor o mejor que hace dos años (probablemente peor), pero que siguen pensando y mirando el mundo con un prisma bastante similar al de fines de 2015. ¿Recuerdan ese chiste de Paz y Rudy de principios de 2016, donde un personaje decía “No me hice kirchnerista ni con Néstor ni con Cristina; me hice kirchnerista con Macri”? Bueno, esa persona no existe.


¿Eso quiere decir que el ajuste no existe? Ni mamado. Pero sí es importante comprender que el dolor y el rechazo al ajuste neoliberal que vivimos (y que seguirá profundizándose) sólo podrá transformarse en potencia popular en la medida en que sea elaborado.




¿Qué sujeto para la unidad ciudadana?


Eduardo Rinesi, en un reciente foro, hacía referencia al temita este de las mayorías:
Las mayorías no están allí a la espera de la interpelación que las interprete tal como son, entre otras cosas, porque tal como son no nos gustan. Las mayorías deben ser parte de un trabajo de construcción que debe apelar a nuestros mayores talentos, a nuestras mayores capacidades analíticas, a nuestros más democráticos principios, y a una fuerte vocación de diálogo con esos ciudadanos que integran esas mayorías a construir que no son las mayorías que están allí sino esas a las que tenemos que terminar de convencer, empezando por convencernos a nosotros mismos de que el mundo puede ser diferente, porque así como es, es un escándalo.
El contexto en el que construimos política popular es el del ajuste, y sabemos que se profundizará. La unidad ciudadana y Cristina en particular se han posicionado de forma profética y en solitario en la defensa contra el ajuste. Nos anclamos ahí, porque alguien tenía que defender a la sociedad y acompañarla en defensa propia. Eso nos da coherencia y nos abre posibilidades políticas para construir una mayoría.


Cambiemos ya tiene su sujeto, su minoría intensa. Sería una suerte de sujeto gorila-aspiracional-antipolítico, que combina odio de clase, optimismo por un futuro venturoso, individualismo silencioso, rechazo por la política y el conflicto. ¿Y nosotres? El desafío por venir es construir el sujeto de la Unidad Ciudadana. Que no es simplemente un kirchnerista, una peronista, un jóven, un kuka. Debe ser más que eso.


La unidad ciudadana debe irse anclando en valores de sentido común argentino a defender (porque seguimos a la defensiva, no se olviden): el trabajo, la familia, el orden, la libertad, los derechos universales. Porque una mayoría siempre es “por la positiva”. Una mayoría antimacrista no existe ni puede existir, en todo caso hay una no-mayoría macrista. Hay que darle contenido afirmativo a la Unidad Ciudadana.


La canción sigue siendo la misma: TENEMOS QUE POLITIZAR EL AJUSTE SOCIAL. Si la política es conflicto, entonces politizar es nombrar un conflicto. Eso hicimos en 2016 con el tarifazo. El macrismo decía: en el tema tarifas no hay conflicto, es un problema matemático en una planilla de excel. Hay que aumentar porque los números no dan. Pero entonces Cristina se plantó aquel 13 de abril en Comodoro Py y dijo que no. Que esas tarifas no se podían pagar, que había que debatir los derechos ciudadanos contra la rentabilidad de las privatizadas. Nombramos un conflicto, politizamos el ajuste, lo desnaturalizamos. Desarticular y rearticular por la positiva. Si el gobierno no se hace cargo del presente, nuestro desafío es mostrarle a la sociedad de qué maneras concretas podemos devolverle el futuro.




¿Y el peronismo?


En octubre hay que hacer todo por ganar. No sobra nada. Cristina y Taiana convocan a una campaña ciudadana, le piden a cada une que se sienta tocado en el corazón por nuestro proyecto político que salga a la calle, que milite su cola del supermercado, que vuelva a la cena familiar a ver si rasquetea un voto, que trate de persuadir un randazzista, de gomear a un compañero de trabajo, de pegarse unos cartelitos. Sin embargo, y también, la Unidad Ciudadana juega fuerte a la política dirigencial.


La carta que escribió a Cristina a los y las votantes opositores en la Provincia de Buenos Aires no está apuntada a la dirigencia política, pero sí contiene un fuerte mensaje por ahí. Dice en un párrafo clave que ella está dispuesta a iniciar una nueva etapa que contemple todas las sensibilidades opositoras. Les dice: acá el tema no es el 2019, es el 2018. No quiero ser “La Jefa” de nadie, sino una compañera más, que debata y construya una mayoría política que frente el ajuste y devuelva el futuro a les argentines.


Cristina pide un voto de emergencia, y se ofrece como vehículo para frenar el ajuste. Y aunque Massa, Randazzo, Schiaretti, Das Neves (y sus votantes) hagan oídos sordos, tarde o temprano habrá que enfrentar el dilema de la época: populismo transformador o neoliberalismo devastador. Si querés ser opositor a Macri, vas a tener que hablar con Cristina, que podrá ganar o perder en octubre, pero expresa la más fuerte de las sensibilidades opositoras. Y si no, siempre te podés pintar de amarillo. Algo de eso viene diciendo el Coqui Capitanich: la centroderecha ya existe y está gobernando la Argentina. Hay que ser otra cosa, que es lo que está siendo Cristina.




Las sensibilidades opositoras


Existen muchas sensibilidades opositoras. La kirchnerista es una; y hacia adelante habrá que salir sin miedo en búsqueda de otras. Sin resignar convicciones, debatir temas como el orden y la libertad. Sobre esto último Cristina ha hecho gran énfasis, asumiendo una agenda de liberalismo político que no estaba en el mapa conceptual e ideológico de la militancia, y nos sigue costando. ¿Podemos incorporar nuevas miradas y escuchas? ¿Estamos dispuestos a construir una mayoría nueva? ¿O  nos dedicaremos a sobarnos el lomo diciendo que somos les mejores y que Macri va a caer porque es un gato muy muy malo y entonces vamos a volver porque somos les mejores? No se trata de hacer autocrítica, sino de ser mejores, para representar mayores porciones de nuestro pueblo.


Ahora bien, sumar sensibilidades opositoras no es ceder posiciones. La entrevista de Cristina con Novaresio fue entre otras cosas un testimonio de que Cristina podrá hacer autocríticas, podrá conceder cuestiones formales (la banda, el tono de las cadenas), pero de ningún modo retrocederá ni un solo paso en las convicciones con las que gobernamos durante 12 años. Cristina, nuestro genio amor, no afloja, y encima te mete un acto por día. No aflojemos nosotres tampoco, que falta poquito y cada esfuerzo nos acerca un pasito más a la victoria.

* Publicado originalmente en la compañera Agencia Paco Urondo